Publicado el: 27 de mayo de 2026
La Sociedad Europea para el Estudio de la Enfermedad Celíaca publicó en octubre de 2025 una nueva guía actualizada sobre el diagnóstico de la enfermedad celíaca en adultos que recoge interesantes novedades, entre ellas la posibilidad de hacer extensiva la posibilidad del diagnóstico sin biopsia a personas adultas menores de 45 años, siguiendo unos criterios análogos a los que se aplican en pediatría, con algún cambio.
La nueva guía de la Sociedad Europea para el Estudio de la Enfermedad Celíaca (ESsCD, European Society for the Study of Coeliac Disease) redefine la enfermedad celíaca y hace una puesta al día de los datos epidemiológicos y de las pruebas de diagnóstico. Revisa también la estrategia de diagnóstico en adultos centrándose en los casos más controvertidos y repasa otras patologías asociadas al consumo de alimentos con gluten, como la dermatitis herpetiforme o la sensibilidad al gluten (trigo) no celíaca, destacando entre ellas los problemas neurológicos relacionados con el gluten.
Definición y epidemiología de la enfermedad celíaca
La enfermedad celíaca es definida como un trastorno inflamatorio debido a una reacción inmunitaria contra el gluten (proteína de trigo, cebada y centeno) que afecta a personas con predisposición genética, en las que provoca una enteropatía crónica del intestino delgado y en las que se pueden detectar anticuerpos específicos.
Su prevalencia global se ha incrementado a lo largo de las últimas 6 décadas, situándose actualmente entre el 1,0% y el 1,6% de la población según los datos serológicos obtenidos en cribados poblacionales (casos con anticuerpos positivos) o en el 0,7% si nos fijamos en los casos confirmados con biopsia. Por regiones, se observa un gradiente norte-sur en Europa, encontrándose la mayor prevalencia en el norte (1,6%) y la menor en el sur (0,6%), con valores intermedios en el este (0,98%) y el oeste del continente (0,67%). Por sexos, la prevalencia se mantiene más elevada en mujeres, en una proporción de entre 1,5:1 y 2:1 respecto a los varones.
Por otro lado, si bien el 70% de los diagnósticos se producían en personas mayores de 20 años, la tendencia ha cambiado y se ha observado un aumento de diagnósticos en niños mayores y adolescentes. De hecho, la edad mediana de diagnóstico en pediatría (la que determina que hay tantos diagnósticos por encima como por debajo de esa edad) ha pasado de 1,9 años antes de 1990 a 7,6 años a partir del 2000. Aún hoy se estima que el porcentaje de casos de EC sin diagnosticar asciende al 60%.
La EC es más probable en familiares de primer grado de una persona diagnosticada, que tienen entre un 5% y un 10% de posibilidades de manifestar la enfermedad a lo largo de su vida. Si se trata de gemelos monocigóticos, el riesgo aumenta hasta el 70% (9% si son gemelos dicigóticos). También se incrementa el riesgo de EC en personas con otras enfermedades inmunológicas como la diabetes tipo 1 (la EC afecta al 5,1%-6,0% de estos pacientes), la enfermedad tiroidea autoinmune (Graves o Hashimoto, 6,2% de niños y 2,7% de adultos tienen EC), la hepatitis crónica autoinmune, la enfermedad de Addison y el déficit selectivo de IgA. Igualmente, tienen un mayor riesgo de EC las personas afectadas por los síndromes cromosómicos de Down, Turner y Williams.
Dermatitis herpetiforme
Es una manifestación cutánea específica de la EC. El 75% de los pacientes muestra el daño intestinal característico de la EC y en la mayoría de los casos no hay síntomas digestivos claros ni signos de malabsorción. El diagnóstico se confirma por la presencia de anticuerpos IgA antitransglutaminasa en sangre y por la presencia de depósitos de estos anticuerpos en la papila dérmica, observados mediante inmunofluorescencia directa en una biopsia de piel adyacente a la lesión cutánea.
Manifestaciones neurológicas relacionadas con el gluten
Entre un 10% y un 22% de las personas adultas con EC presenta alguna manifestación neurológica en el momento del diagnóstico, y dichos síntomas neurológicos pueden ser la primera manifestación clínica con la que se muestra la enfermedad. No está claro el origen de estos problemas neurológicos, pueden ser debidos a un efecto neurotóxico directo del gluten, a fenómenos inmunológicos inducidos por el gluten, ya sea una reacción cruzada de los anticuerpos específicos de la EC o al depósito de inmunocomplejos en el tejido neuronal, o bien a déficits de vitaminas y otros nutrientes.
La ataxia por gluten es el trastorno neurológico más frecuentemente asociado al consumo de gluten. Menos del 10% de los afectados muestra síntomas digestivos y un tercio presenta lesiones intestinales características de la EC. Le sigue la neuropatía por gluten, que se sospecha en los casos de neuropatía idiopática (neuropatía de causa no identificada) con algún marcador serológico que evidencia algún tipo de sensibilidad al gluten. Se manifiesta con diferentes tipos de neuropatías periféricas y el efecto de la dieta sin gluten no es del todo satisfactorio. Menos del 10% de los casos presenta síntomas digestivos. Menos frecuentes son la encefalopatía por gluten o la epilepsia del lóbulo temporal.
Entre los problemas neurológicos de tipo cognitivo destacan la llamada niebla mental, los problemas de atención y de concentración, la falta de agilidad mental, la pérdida de memoria y los fenómenos esporádicos de confusión y desorientación. Y en cuanto a los trastornos psiquiátricos relacionados con el gluten figuran la depresión, el síndrome bipolar, la apatía, la ansiedad, la esquizofrenia, los trastornos de la conducta alimentaria, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, el autismo y los desórdenes del sueño. Todos ellos pueden mejorar a largo plazo siguiendo una dieta estricta sin gluten.
Sensibilidad al gluten/trigo no celíaca (SGNC/STNC)
Es un trastorno que se caracteriza por la presencia de síntomas de intestino irritable y manifestaciones extradigestivas propias de la EC (fatiga, migrañas) asociados al consumo de componentes del trigo (gluten, fructanos, inhibidores de amilasa tripsina, aglutininas del germen de trigo) que mejoran rápido al retirar el trigo de la dieta y reaparecen al reintroducir nuevamente los alimentos basados en el trigo. Antes de sospechar una SGNC/STNC es necesario descartar adecuadamente la EC y la alergia al trigo, así como cualquier otro problema digestivo que pudiera explicar los síntomas. La SGNC/STNC no muestra asociación con los genes HLA, no provoca elevación de anticuerpos específicos de EC en sangre ni causa atrofia de vellosidades. Sí muestra alteraciones en la microbiota intestinal, aumento de permeabilidad intestinal e hipersensibilidad a proteínas alimentarias. Afecta al 0,6-13% de la población.
Factores genéticos y ambientales
La familia de genes HLA alberga el 35%-40% de la base genética de la EC, lo que indica que, aunque es necesario presentar las variantes de riesgo en los dos genes implicados (HLA-DQA1 y HLA-DQB1), ello no es suficiente para que se manifieste la enfermedad. El 90-95% de los pacientes presentan el marcador proteico de riesgo HLA-DQ2.5, que resulta de la combinación de las variantes genéticas (alelos) de riesgo DQA1*05 y DQB1*02. El 5%-10% de los pacientes muestran el otro marcador proteico de riesgo, HLA-DQ8, resultante de la combinación de los alelos DQA1*03 y DQB1*03:02, o bien el marcador DQ2.2, que resulta de la combinación del alelo riesgo DQB1*02 con un alelo diferente de DQA1*05 (generalmente DQA1*02), que no es de riesgo. Menos del 1% de los pacientes presenta sólo el alelo DQA1*05 de riesgo (generalmente combinado con DQB1*03:01), dando lugar a la proteína DQ7.5, cuyo riesgo es discutible, aunque se considera compatible con el diagnóstico de la EC.
El gluten es el factor externo claramente vinculado con el desarrollo de la EC, pero no es suficiente a pesar de que estén presentes las variantes de riesgo citadas anteriormente. Las infecciones digestivas, ciertos fármacos o las intervenciones quirúrgicas son algunos de los factores adicionales que pueden contribuir al desarrollo de la patología. Otros, como la lactancia materna o la edad a la que se introduce el gluten en la dieta del bebé, han demostrado no influir en el riesgo de desarrollo de la EC.
Consideraciones sobre las pruebas de diagnóstico
Estudio serológico de anticuerpos
Ante una sospecha de EC, se mantiene la recomendación de valorar en primer lugar anticuerpos IgA antitransglutaminasa (anti-TG2) en sangre, junto con la IgA total para descartar un posible déficit de IgA, que daría lugar a un resultado falso negativo. En caso de déficit de IgA, sería necesario analizar anticuerpos del subtipo IgG, ya sea anti-TG2 o antipéptidos desamidados de gliadina (anti-DGP).
El análisis de anticuerpos anti-DGP, no existiendo déficit de IgA, no es especialmente útil, al ofrecer resultados falsos positivos especialmente cuando sus niveles son bajos, cuando los anticuerpos IgA anti-TG2 son negativos o cuando la persona en la que se valoran es un caso de bajo riesgo.
En cuanto a los anticuerpos IgA antiendomisio, pese a su alta especificidad, se desaconseja su análisis rutinario como test de confirmación, dado su mayor coste y subjetividad a la hora de interpretar el resultado, al ser una prueba no automatizada y más laboriosa, además de no estar disponible en todos los laboratorios, reservándose como prueba de apoyo en casos dudosos.
El análisis simultáneo de dos o más de estos anticuerpos en la primera analítica de sospecha incrementa el coste y no aporta información relevante, por lo que está igualmente desaconsejado.
Es importante considerar que pueden obtenerse resultados serológicos falsos negativos en casos que ya han iniciado la dieta sin gluten o en los que se ha reducido el consumo diario de alimentos con gluten, y que pueden obtenerse resultados falsos positivos tras una infección intestinal y en personas con enfermedades autoinmunes, con enfermedad hepática crónica o con hipergammaglobulinemia.
Estudio histológico de la biopsia duodenal
Se insiste en la necesidad de tomar al menos 4 biopsias del duodeno distal y 2 muestras del bulbo duodenal para garantizar que al menos una muestra de cada zona será adecuada para su evaluación, teniendo en cuenta que la lesión puede ser parcheada, que alguna muestra puede romperse durante la toma o ser manipulada de forma inadecuada impidiendo su evaluación y que hay casos en los que las lesiones se limitan al bulbo.
Sobre la clasificación de la lesión intestinal, se mantiene la versión de Marsh modificada por Oberhüber, en la que la atrofia vellositaria (Marsh III) se subdivide en atrofia parcial (IIIA), subototal (IIIB) y total (IIIC), pese a no tener esta diferenciación ninguna relevancia clínica ni modificar la valoración en cuanto al pronóstico o al tratamiento. Es útil, en cualquier caso, para monitorizar la recuperación.
Diagnóstico sin biopsia en adultos
En 2012 se publicaron por primera vez unos criterios que permitían el diagnóstico fiable de la EC sin biopsia. Eran aplicables en pediatría y fueron revisados y actualizados en 2020, de forma que en la actualidad puede diagnosticarse la EC sin biopsia en niños y adolescentes que presenten niveles de anticuerpos IgA anti-TG2 en sangre más de 10 veces por encima del valor normal y valores positivos de anticuerpos IgA antiendomisio analizados en una muestra sanguínea diferente.
La nueva guía de 2025, destinada al diagnóstico en personas adultas, incluye por primera vez la posibilidad de diagnosticar fiablemente la EC sin biopsia en adultos menores de 45 años que presenten niveles de anticuerpos IgA anti-TG2 en sangre más de 10 veces por encima del valor normal y valores positivos de estos mismos anticuerpos en una segunda analítica de sangre. En adultos mayores de 45 años el riesgo de sufrir otras dolencias digestivas como complicación de la EC es más probable y se aconseja por tanto la endoscopia para detectarlas, así como en menores de 45 con sospecha fundada de algún otro problema digestivo que requiera ser investigado mediante una endoscopia.
Casos controvertidos de enfermedad celíaca
EC seronegativa: atrofia en ausencia de anticuerpos
La presencia síntomas compatibles con la EC y de atrofia vellositaria (Marsh III) en ausencia de anticuerpos específicos en sangre, existiendo predisposición genética HLA, se puede considerar un caso de EC seronegativa si se produce la recuperación clínica e histológica con la dieta sin gluten. Es muy poco frecuente, representa entre el 2% y el 5% del total de casos de EC, por lo que es necesario descartar antes otras posibles causas de atrofia, entre las que se incluyen infecciones gastrointestinales por virus, bacterias o parásitos, tratamientos farmacológicos, enfermedades inflamatorias y autoinmunes del aparato digestivo, inmunodeficiencias o tumores digestivos.
EC potencial: anticuerpos en ausencia de atrofia
Los casos con elevación persistente de anticuerpos IgA anti-TG2 en sangre siendo normal la arquitectura de la mucosa duodenal (Marsh 0-I) pueden ser catalogados como EC potencial si se han excluido otras causas de positividad de anticuerpos (cuando los niveles son bajos) o de linfocitosis intraepitelial (Marsh I) y se ha verificado la predisposición genética HLA. El 16% de los casos de EC corresponden a esta entidad, que puede presentarse con o sin síntomas. Estos pacientes pueden seguir consumiendo gluten si los síntomas son leves o inexistentes, manteniendo controles clínicos y analíticos periódicos, incluyendo biopsias en caso necesario. Si se mantiene el gluten en la dieta, se estima que un tercio de los casos evolucionará hacia una EC activa con daño histológico intestinal (Marsh II-III), otro tercio permanecerá en estado potencial por tiempo indefinido y otro tercio revertirá de forma espontánea. El 88% de los que inician la dieta sin gluten por presencia de síntomas más severos experimentan mejoría.
Prueba de provocación: diagnóstico en personas a dieta sin gluten
Es importante destacar que la presencia de síntomas compatibles con la EC que se resuelven con la dieta sin gluten y reaparecen tras reintroducir los alimentos con gluten en la dieta no es indicativo de EC ni se considera un criterio válido para su diagnóstico en ausencia de otros datos. Por este motivo, las personas que han iniciado la dieta sin gluten sin tener confirmado el diagnóstico deben en primer lugar realizarse el estudio genético HLA, ya que si resulta negativo la EC quedaría descartada y no serían necesarias más pruebas en este sentido. Los casos con genética de riesgo son los que tienen que reintroducir el gluten en su alimentación para poder realizar las pruebas, o bien repetirlas si se realizaron anteriormente, pero los resultados no fueron concluyentes. Así se puede confirmar o descartar adecuadamente la enfermedad.
La prueba de provocación consiste en reintroducir el gluten en la dieta durante 6 semanas con un consumo mínimo de 3 gramos de gluten al día. Según la tolerancia de cada paciente, se puede incrementar la cantidad diaria de gluten para asegurar un resultado más fiable. Si no es bien tolerado, se puede reducir la cantidad diaria de gluten prolongando el periodo de provocación, o se puede optar por una dieta con gluten baja en carbohidratos fermentables (FODMAP) para minimizar los síntomas digestivos, repartiendo además el consumo de gluten a lo largo del día. La aparición de síntomas y la elevación de anticuerpos IgA anti-TG2 en sangre hace probable que se trate de EC. Es aconsejable, no obstante, confirmar la EC con una biopsia duodenal.
Autor: Juan Ignacio Serrano Vela. Doctor en Biología. Servicio de Investigación de la Asociación.
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Artículo original: Al-Toma A, Zingone F, Branchi F, Schiepatti A, Malamut G, Canova C, Rosato I, Ocagli H, Trott N, Elli L, Popp A, Gianfrani C, Auricchio R, Neefjes-Borst A, Sanders DS, Cellier C, Mulder CJ, Bouma G, Lundin KEA, Sollid LM, Schumann M. European Society for the Study of Coeliac Disease 2025 Updated Guidelines on the Diagnosis and Management of Coeliac Disease in Adults. Part 1: Diagnostic Approach. United European Gastroenterol J. 2025 Dec;13(10):1855-1886.